UN VIAJE AL REINO DEL AJEDREZ

 

 

Fernando Pedró

sobre una idea de Lewis Carrol
  

   Había una vez una niña a la que le encantaba jugar al ajedrez. Tenía carita de princesa, cuerpito de princesa, brazitos y manitos de princesa, piernitas y piecitos de princesa...

   Esta princesita se llamaba Trilce y se pasaba horas jugando al ajedrez.

   Un día jugó tanto que se quedó dormida con la cara apoyada en el tablero. Entonces apareció muy chiquita en un palacio. Tenía un vestido blanco y estaba rodeada por siete niñas de su misma edad, todas vestidas igual. Mas allá se ubicaban los reyes, que lucían hermosas capas blancas, y en sus coronas los diamantes brillaban tanto que parecían dos soles sobre sus cabezas. Estaban conversando con dos señores muy bien vestidos (obviamente de blanco), que parecían estar dándoles consejos. "Seguramente debían cumplir una función muy importante en el reino", pensó Trilce.

   Miró hacia una de las puertas del salón y vió entrar a dos hermosos caballos ¿Adivinan de que color? ...

   Efectivamente, eran blancos. Tras ellos ingresaron dos elefantes, que parecían estar hechos de algodón, estirando sus largas trompas.

   "¡Qué lugar más raro!" dijo Trilce. "¿Dónde estamos?" le preguntó a una de las niñas que estaban junto a ella. Pero antes que le puedan responder escuchó la voz del rey: "Ahora estamos todos, así que podemos pasar al salón de juego donde nos esperan nuestros invitados".

   En ese momento se abrió una gran puerta y Trilce salió corriendo para ser la primera en entrar. Después de todo, eso de "salón de juego" sonaba muy bien.

   Pero cuando llegó hasta el medio de la sala vió algo que no esperaba: ¡a los invitados! Ellos eran también reyes, consejeros, caballos, elefantes y niñas. ¡Pero todos negros y con vestidos negros! Si, negros como un gato que Trilce siempre veía en el patio de su casa.

   También era curioso el piso de ese salón, que consistía en cuadrados blancos y negros alternados. "¿Qué clase de salón de juegos es éste?" se quejó Trilce, "¿adónde están los juguetes?" La reina blanca se rió y tomándola de la mano le dijo: "¿Juguetes? ¡Vaya ocurrencia! ¿Cómo te llamas?". "Trilce", respondió la niña. "Ven, te ubicarás justo delante de mí".

   Apenas la reina terminó de decir esto, todos los presentes se fueron ubicando a ambos costados del salón, según los colores con los que estaban vestidos. Las niñas formaban una fila y detrás de ellas se colocaron el resto de los personajes presentes.

   Trilce, que se había ido con la reina para situarse delante de ella, miró hacia un costado. Después, miró hacia el otro. Vio a los invitados negros allá al frente y a todos los blancos rodeándola. Recién ahí se dio cuenta. "¡Estoy en una partida de ajedrez! ¡Voy a jugar al ajedrez desde adentro del tablero!" La reina entonces le acarició la cabeza y le sonrió.

   "Me llamo Trilce. ¿Cómo te llamas tú?" le preguntó a la niña que tenía a su derecha. "Freyja", le contestó ésta última.

   Otra vez el rey interrumpió la conversación. "Empecemos. Hoy, 18 de septiembre, damos la bienvenida a nuestros invitados para jugar esta partida según las reglas habituales. Haremos una movida cada uno por día y en el resto del tiempo tendremos grandes fiestas. Dicho esto, ¡a jugar!" y le dio un empujoncito a Freyja para que se adelante dos pasitos (1. e4).

   Al rato el rey negro imitó su movimiento (1. ..., e5) y las dos niñas, blanca y negra, se saludaron en el medio del tablero. "¿Cuándo me tocará mover a mí? pensó Trilce. Enonces entraron unos señores trayendo mucha comida y gaseosas, y también entró una orquesta que comenzó a tocar. Se inició así una gran fiesta para celebrar el comienzo del juego.

   Cuando se fueron a dormir, Trilce había conocido a todas las piezas blancas. La reina la llevó ante cada una y le presentó al resto de las niñas, a los alfiles, pudo montar en los caballitos y también en los elefantes, que cumplían en el juego el papel de las torres. Para lo último la llevó ante el rey, quien le pidió que tuviera paciencia, porque ella también iba a salir a jugar.

   Al día siguiente, 19 de septiembre, todos se colocaron en la ubicación en la que estaban el día anterior, y el rey blanco le dio la orden a uno de sus caballos para que salte sobre las niñas y se colocara delante de ellas (2. Cf3).

   Las niñas seguían asustadas por ese salto sobre sus cabezas cuando se oyó por primera vez la voz del monarca negro: "Tan grandote y quieres atacar a esa dulce niña que está allí adelante. Pero no te saldrás con la tuya, ¡la protegeré!" y le dijo algo a la niña que estaba delante de la reina, quién se acercó a la que había realizado el primer movimiento (2. ..., d6).

   "Que suerte que tienen ellas que ya movieron" pensó Trilce "¡yo quiero hacer lo mismo!". Hubo una nueva fiesta y luego, a la noche, a Trilce se le ocurrió un plan. ¡Y lo pondría en ejecución al día siguiente!

   Así fue como el 20 de septiembre, mientras se ubicaban las piezas, Trilce le sonrió a la reina, luego al rey y, cuando éste le estaba dando instrucciones al alfil para que moviera, Trilce salió corriendo para el medio del tablero. "¿Adónde vas niña?" se enojó el rey, "vuelve aquí que no tenías que mover todavía". Trilce estaba pensando si debía obedecer o no cuando del otro lado se escuchó la protesta del rey negro: "Pieza tocada, pieza movida. El movimiento ya se completó". La reina blanca asintió con la cabeza y le dijo a su esposo. "Dejala, ella quiere jugar". "Pero es peligroso para ella", protestó el rey (3. d4).

   Pasaron varias horas para que el rey negro contestara y, para suerte de Trilce, que recién ahí se había dado cuenta del peligro, no la sacaron del tablero, sino que otra niña llegó, pensando quizás, que podrían formar una ronda (3. ..., f5). Como estaban muy  cansados, y el rey seguía enojado, ese día no hubo fiesta.

   El 21 de septiembre amaneció, como correspondía, con mucho sol y el palacio se llenó de flores. ¡Era el día de la primavera!

   "Muy bien" dijo Trilce. "Qué buen día para seguir jugando", y se fue para el salón donde ya estaban casi todas las piezas. Sólo faltaban los elefantes que eran los que más tardaban en bañarse.

   Cuando por fin llegaron, y mientras el rey conversaba con el alfil sobre que jugada convenía hacer, las niñas negras propusieron hacer una ronda, ya que estaban todas en el centro del tablero. Pero Trilce no quiso saber nada y comenzó una pelea en la que echó a una de las niñas negras del salón (4. dxe5). Mientras tanto, la última niña en llegar expulsó a la pobre Freyja (4. ..., fxe4). Los reyes las miraban y se agarraban las coronas sobre sus cabezas. "Esperen, esto es una partida de ajedrez; hay que pensar antes de moverse". Pero, como habían quedado el día anterior, los movimientos ya estaban hechos y había que esperar hasta el día siguiente.








 

   Se dispusieron a festejar la llegada de la primavera con una gran fiesta, pero antes el rey blanco llamó a Trilce y la retó por haber hecho dos jugadas sin su permiso. Le advirtió de los peligros con los que se iba a encontrar allí adelante, sola. Y le habló de la necesidad de que la acompañaran otras piezas más grandes siempre que quisiera ir a pasear.

   Dejando aclarado esto, se divirtieron mucho en la fiesta hasta que de tan cansados que estaban se fueron a dormir.

   En realidad el rey no pudo dormir mucho. Estaba preocupado por la posición en el salón de juegos. Tanto Trilce como el caballo habían quedado amenazados ¿cómo haría para defenderlos?

   A la mañana siguiente, 22 de septiembre la reina se levantó y viéndolo preocupado le preguntó que le pasaba. El rey le comentó el problema que tenía y su dama, nuevamente sonriendo, le aconsejó que diera orden a su caballo para que moviera para adelante y que no se preocupara que ese día no iba a ocurrir ninguna captura.

   Llegados al salón, el rey hizo lo que había sugerido la reina. El caballo, con un gran salto, se colocó cerquita de Trilce (5. Cg5). Ella lo miró de reojo porque cada vez le estaba saltando más cerca y temía que la aplastara.

   El rey, mientras tanto, observaba la situación. Entendía que el caballo no podía ser tomado por la dama negra (5. ..., Dxg5) porque lo defendía su alfil (6. Axg5) y las blancas ganarían una pieza más importante, pero ¿y la pequeña Trilce? ¿qué ocurría si la echaban del tablero (5. ..., dxe5)? Miró a la reina que le había aconsejado la jugada del caballo y ésta, al ver que todavía no comprendía, le dijo al oído: "No te procupes que el rey negro sabe jugar muy bien y la dejará tranquila a Trilce para no perder a su preciado elefante, escucha: 6. Dxd8 +, Rxd8 7.Cf7 +, Re8 8.Cxh8". No había terminado de dar esta variante cuando el señor de todas las piezas negras llamó a la niña que estaba amenazando a Trilce. "Ay, que me comen", pensó Trilce. "Pobrecita" dijo el rey blanco en voz baja. "Esperen" tranquilizó la dama. La niña comenzó entonces su movimiento pero no en forma cruzada sino que fue a defender al otro peón (5. ..., d5). "¡Que bueno! Me salvé" gritó Trilce. Y el rey abrazó a su reina y le agradeció su sabio consejo.

   Ese día la fiesta fue la mejor de todas. Los alfiles, que parecían tan serios, hicieron de payasos, y todos se rieron mucho.

   El 23 de septiembre, luego de colocarse todos en sus posiciones, el rey blanco comenzó a pensar en su próxima jugada. Pensó y pensó, y después siguió pensando. Todos se comenzaron a aburrir. Trilce, que estaba en el centro del salón, se quedó dormida, parada donde estaba. Y de repente, comenzó a caminar. Los gritos de todas las piezas blancas la despertaron, pero ya era tarde, había pasado al cuadrado siguiente (6. e6). El rey blanco fue hasta donde estaba la niña y le dijo "Esta es la última vez que mueves sin mi permiso; de lo contrario, no vas a venir a jugar más" y muy enojado volvió a su posición. La dama, tomándolo del brazo, lo quiso tranquilizar comentándole que esa accidentada jugada llevaba a Trilce muy cerca del rey negro, y quizás podría actuar en el futuro conjuntamente con el caballo (7. Cf7). Sin embargo, el rey negro también vió ese peligro y le pidió a uno de sus caballos que lo defendiera (6. ..., Ch6). Después todas las niñas se fueron a visitar las cocinas del palacio.

   ¡Cómo se divirtieron ese día! Prepararon con los maestros pasteleros una gran torta con forma de tablero de ajedrez, con las piezas hechas de mazapán. Claro que hubo algunas disputas, sobretodo cuando Perséfone, una niña que habitualmente se colocaba delante de un elefante blanco, empezó una pequeña guerra de pasteles de merengue y chocolate contra Freyja. Pronto se generalizó la contienda y todas estaban arrojando los pasteles a las caras de sus amigas. Los pasteleros recién pudieron frenar la batalla cuando llamaron a las niñas a merendar. Algunas tomaron leche sola. Otras chocolate. Adivinen quienes tomaron cada bebida...

   El día siguiente, 24 de septiembre, fue más tranquilo. Su majestad blanca movilizó a su otro caballo (7. Cc3) y media hora después el negro pidió a una de las niñas que diera un paso para defender a la que estaba en el centro del tablero. Además, de esta manera quedaba formada una cadena de niñas que le pareció muy linda (7. ..., c6).








 

   La reina blanca le había tomado mucho cariño a Trilce, y la extrañaba estando allá lejos casi en la otra punta del salón. Le pidió al rey que la mandara cerca de ella para poder protegerla. El rey entonces le aclaró que si era posible lo haría.

   Esa noche, después de la fiesta diaria, el rey se quedó pensando cómo podría cumplir con los deseos de la reina, Pensó en varias alternativas, hasta que encontró una en la que llevaría a la dama justo detrás de Trilce, aunque para ello tendría que sacrificar a su querido caballo.

   Así fue. El 25 de septiembre se produjo un gran revuelo cuando el caballo saltó al medio del tablero y estuvo a punto de aplastar a una niña, que sin embargo, tuvo que irse igualmente del salón (8. Cgxe4). Muy ofendido, el rey negro hizo que otra de sus niñas se llevara a ese caballo a los establos y que no volviera más al juego (8. ..., dxe4).

   Siguiendo con el plan que tenía, el día 26 el rey le dijo a la dama que fuera primero a amenazar a su colega negro (9. Dh5 +) y, luego que el jaque fue cubierto (9. ..., g6), a la mañana siguiente lo completó con todo éxito, colocando a su dama justo adonde él había calculado (10. De5). ¡Qué contenta se puso Trilce de ver de nuevo a su reina! Tan contenta estaba, que se puso a hacerle burlas al rey negro: "Ahora vas a ver. Con la dama vamos a comerte todas las piezas. Mirá, mañana te vamos a comer a ese elefante" y le señaló al hermoso elefante negro que estaba comiéndole las flores que tenía en el pelo la niña que estaba delante de él.








Trilce convertida en reina

   "Difícil, niña" le contestó el rey, y a una seña suya el pesado animal se movió de donde estaba (10. ..., Tg8),  y si bien ésta vez tenía a una niña más lejos, no tuvo problemas para con su trompa seguir comiéndole las flores que adornaban el peinado. Suerte para Trilce que la trompa no llegaba hasta ella.

   Los días pasaron. Siguieron las fiestas y las jugadas. El día 28 un alfil con un largo movimiento sacó del salón a un caballo (11. Axh6), y luego lo expulsaron a él (11. ..., Axh6). Este cambio había sido planeado por el rey blanco para poder amenazar a la dama contraria con su elefante el día 29 (12. Td1). Trilce seguía burlándose al ver tanta actividad de sus compañeros y tan poca entre aquellos invitados tan extraños. "¿Uds están de adorno?" le preguntó a todas las piezas que estaban al lado del rey, pero se arrepintió enseguida cuando vió que la dama negra se movía justo delante de ella (12. ..., De7). Encima, también el alfil la estaba mirando de reojo y a ella sólo la defendía su amiga, la reina blanca. Para colmo de males, no se podía mover para ningún lado (lo que dejaba bastante tranquilo al rey blanco).








 

   Ya se acercaba el fin del mes, y la fiesta de ese día fue bastante extraña. Todos se disfrazaron de otras piezas. Era muy gracioso ver a los elefantes como si fueran reyes y a los caballos como si fueran alfiles. Pero más gracioso era ver al rey vistiendo un gran traje de elefante, con trompa y todo. Algunas niñas eligieron ser caballitos y otras reinas.

   Cuando al día siguiente se ubicaron todos en el salón, hubo una gran confusión, ya que muchos se habían olvidado de quitarse el disfraz, y por un momento había cínco caballos negros, tres elefantes blancos, ¡y ningún rey! Asi no se podía jugar. Decidieron entonces que había que sacarse los disfraces y seguir con la partida normalmente.

   El rey blanco observó entonces el peligro en el que se encontraba Trilce, y envió al alfil que le quedaba a protegerla (13. Ac4). Pero el negro,que quería que esa niña que se burlaba de él se fuera de una vez por todas del salón, atacó al recién llegado (13. ..., b5).

   Octubre comenzó con una estratégica retirada del alfil, que quería seguir jugando (14. Ab3) y el rey negro, que vió que ese era el sostén de la niña siguió atacándolo (14. ..., a5). En la fiesta de ese día, las principales piezas blancas se reunieron y, viendo que el alfil tendría poco futuro, decidieron que jugaran las otras piezas.








 

   Así, el día 2 se repitió la escena del caballo saltando sobre una niña negra (15. Cxe4). Felizmente ésta estaba atenta y lo pudo esquivar, aunque tuvo que retirarse del juego. La previsible respuesta negra, atacando al alfil (15. ..., a4), fue festejada por todos los invitados que vieron que tendrían una pieza más de ventaja. La victoria estaba cerca.

   Pero el 3 de octubre, otro salto de caballo (16. Cf6 +) hizo que el rey tuviera que salir corriendo del lugar donde estaba para no ser aplastado al día siguiente (16. ..., Rf8). Este salto si que había asustado a Trilce, ya que había sido justo al lado de ella.

   El 4 de octubre el caballo volvió a saltar, por tercer día consecutivo. Esta vez fue sobre el elefante que se seguía comiendo las flores (17. Cxg8). En el salto, el caballo le aplastó la trompa y del dolor, el elefante tuvo que irse. El caballo entonces se situó muy contento en su nueva casilla y comenzó a ver sobre quien saltaría al día siguiente. "Allí está la dama negra", pensó, pero en ese momento sintió las fuertes manos del rey negro tomándolo de las riendas y llevándoselo para el establo. La partida había acabado para él (17. ..., Rxg8).








 

   El 5 de octubre el elefante blanco que estaba al lado del rey estaba triste y furioso a la vez. Los dias anteriores había gozado con los grandes saltos de su amigo el cabalo, que siempre comenzaba las partidas al lado suyo. Habían sido grandes hazañas, pero ahora ese malvado rey negro no le permitía venir más a jugar. Al ver que tenía el camino libre se fue a la carrera y atacó una vez más al rey negro (18. Td8 +). "¡No!" gritó el rey blanco. Pero ya era tarde. El elefante había llegado a destino. Curiosamente la dama negra no se movió, quizás asustada por el tamaño del elefante. El rey entonces tuvo que acudir al alfil para que lo protegiera (18. ..., Af8).

   Sin embargo, el elefante seguía furioso, y al día siguiente, antes que el rey blanco pudiera ordenar una jugada, acometió contra el desdichado alfil que tuvo que salir corriendo para no ser aplastado (19. Txf8 +). El rey blanco se agarró la cabeza. "¿Es que en esta partida nadie me va a hacer caso?". Esta vez si la dama negra hizo frente al elefante y, con un poco de ayuda, logró empujarlo fuera del salón (19. ..., Dxf8).








 

   El 7 de octubre se ubicaron nuevamente en el salón y Trilce vió contenta que ahora podía mover. Se olvidó de los consejos de su rey y dio un gran paso hacia delante. "¡No!" ahora el grito era de su amiga, la dama, pero era porque quería tenerla cerquita de ella. El rey ya estaba resignado a que hicieran lo que quisieran. Trilce se dio vuelta y con una sonrisa pícara le guiñó un ojo a la reina. Estaban en eso cuando desde un costado se escuchó una voz que decía "Jaque". Era el alfil blanco, que había entrado en acción gracias al movimiento de Trilce (20. e7 +). Pero mejor para él hubiera sido no decir nada, porque enseguida una niña le pegó un puntapié y lo echó del juego (20. ..., axb3). El rey blanco, que se había alegrado del jaque, ahora volvía a estar triste con la pérdida de su mejor consejero. Encima, como nadie le hacía caso suspendió la fiesta de ese día.

   Así que imagínense su sorpresa cuando el 8 de octubre, en el momento en que se disponía a pensar su próxima jugada, fue la mismísima dama blanca la que movió por su cuenta. "¿Qué le pasa? ¿Todos se contagiaron de la pequeña Trilce?" Lo peor para él, fue que en su movimiento la dama se fue a una esquina del tablero donde, si bien atacaba al rey contrario, también podía ser capturada por éste (21. Dh8 +).








 

   Efectivamente, momentos después, el rey negro viendo la oportunidad que se le presentava, no la desaprovechó (21. ..., Rxh8). Entonces hubo una gran fiesta negra. Parecía que iban a ganar. Eran una dama, un alfil, un caballo y un elefante contra un simple elefante blanco y esa niña que se había estado burlando de ellos desde hacía días. Ahora le harían bromas a ella.

   Trilce se puso a llorar, pensando que perderían por culpa de ella, pero el rey blanco, viéndola sola, la llamó y le pidió que se quedara tranquila, que todavía no habían perdido. Le dijo que confiara en él y podrían ganar todavía. "Pero ¿cómo?" preguntó Trilce. "Si casi todas nuestras piezas fueron comidas". "Sí", le respondió el rey. "Casi todas, pero no todas. Todavía tenemos una pieza muy importante. Lo verás mañana. Y sobre todo: no desobedezcas mis órdenes". Trilce pensó que si bien el elefante blanco que quedaba era muy impresionante, no veía como podría enfrentarse a todas las piezas negras. Encima ella estaba allá adelante, sola, y tendría que escuchar de nuevo todas las burlas.

   El 9 de octubre se levantaron todos muy temprano, desayunaron y fueron al salón de juegos los que todavía tenían derecho a estar allí. Una vez colocados en su lugar, el rey gritó: "¡Ahora Trilce! Empujá a la dama negra fuera del salón". Y Trilce vió que tenía a la dama cerca y que seguía burlándose de ella; entonces tomó fuerzas, corrió y de un gran empujón la tiró fuera del salón (22. exf8). Entonces, y mientras Trilce se levantaba y veía que había llegado a la otra punta del tablero, comenzó a tocar la orquesta. Todas las niñas corrieron hacia ella y armando una ronda le cantaron el feliz cumpleaños. ¡Trilce se había olvidado que cumplía años ese día!

   El rey blanco, que se había quedado a un costado, se le acercó y poniéndole una corona sobre la cabeza le dijo: "Ahora eres una reinita de cinco años y en adelante te ubicarás al lado mío al comenzar los juegos".

   "Soy una reina" se emocionó Trilce, y miró hacia todos lados. Ahí estaba el rey blanco, en un rincón el rey negro, por otro lado las demás piezas negras. "Pero si soy una reina, quiere decir que estoy atacando al rey negro". "Jaque", gritó, y cuando vió que el rey asustado, no se podía mover a ningún lado, volvió a gritar: "Jaque mate". Y tan fuerte gritó que Trilce se despertó.








Trilce convertida en reina

   Levantó la cabeza y vió que la mamá la estaba mirando con una gran sonrisa.

   "¡Feliz cumpleaños Trilce!" Le acarició la cabeza y le dió un gran beso. "Te dormiste sobre el tablero. ¿Con qué soñaste?". Trilce se rió y le dijo: "Soñé que cuando sea grande, voy a ser como vos".

 

 

La partida corresponde a Atwood-Wilson, Londres 1798, hasta la jugada 18 de las blancas. La partida original finalizó 18... Dxd8 19. e7+ Abandonan