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¡GRACIAS, GRAU! |
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M.I. Nelson Pinal Borges
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Ajedrecistas de varias generaciones de los países de habla hispana han enriquecido sus conocimientos y fortalecido su nivel de juego después de estudiar el Tratado General de Ajedrez, de Roberto Grau, la obra más completa sobre Estrategia y Táctica que se haya escrito en el idioma español. Tan importante fue este aporte a la bibliografía ajedrecística hispana, que actualmente algunas Editoras siguen publicando esta Biblia Ajedrecística con las correcciones propias de la modernidad contemporánea. Seis años dedicó Grau para consolidar en 4 volúmenes todo un compendio sobre fundamentos estratégicos, temas tácticos y conceptos sobre el Final de la partida. Con una pedagogía formidable y un verbo ameno, Grau enseña a orientarse en diferentes posiciones a través del razonamiento lógico del ajedrecista; esa es su constante preocupación en toda la obra; “es un libro de Ajedrez y un libro de razonamiento”. Como ningún otro autor, el genial Maestro argentino nos enseña que la configuración de peones es la esencia y médula de la estrategia ajedrecística; “toda la ciencia de las Aperturas, los secretos del Medio Juego y la base de los Finales son una consecuencia del esqueleto arquitectónico del Ajedrez: los peones”. Con gran profesionalismo y con el respaldo de 30 años de experiencia ajedrecística y 20 años de periodista y escritor, Grau ilustra en su obra, toda una serie de elementos técnicos y consideraciones prácticas y psicológicas que se presentan en una partida de Ajedrez. En alguna ocasión todos los que hemos estudiado el Tratado General de Ajedrez nos preguntamos, ¿quién fue realmente su autor?. La pregunta es sencilla, pero no así su respuesta si nos detenemos a conocer tan excepcional personalidad. Roberto Gabriel Grau nació en Buenos Aires en 1900 y alrededor de los 16 años ya había logrado la Primera categoría en el Círculo Argentino de Ajedrez. Delgado, vivaz y de buen carácter, puede decirse que cautivó a todos con su entusiasmo de adolescente genial. El destacado ensayista y poeta argentino Ezequiel Martínez Estrada manifiesta en un fragmento de “La cabeza de Goliat” (1940) que cuando joven, Grau se distinguía por sus dotes innatas para la combinación en el medio juego, la claridad mental con que planteaba las aperturas y remataba los finales. Poco caso hacía de los libros. Más tarde agregó a sus dotes naturales, la sabiduría del analista y entonces apareció el segundo Grau, semejante a un filólogo agobiado de libros y de autoridades. Erudito, técnico, aplicando sus conocimientos tanto como su talento, surgió de sí mismo como el hombre maduro del muchacho, distinto a como todos esperaban. Se le recuerda en sus bellos días de inquietud diabólica, al que sólo retenía como subyugado por una fuerza superior a la suya, alguna posición compleja que le exigía dos torturas juntas: estar serio y estar quieto. En 1921 ganó el importante Torneo Suramericano, de Carrasco, Uruguay, y posteriormente es contratado por el prestigioso diario “La Nación”, donde mantuvo por muchos años la columna “Frente al Tablero”; Fue seis veces Campeón de Argentina -1926, 1927,1928,1934,1935 y 1938-, fundador de la Federación Argentina de Ajedrez y organizador del Torneo de las Naciones de Buenos Aires en 1939. Como se desprende de su brillante trayectoria, Roberto Grau más que un excelente jugador y escritor, fue un activo propulsor del desarrollo del Ajedrez no sólo de su patria, sino también de Sudamérica y ¿por qué no afirmar, incluso más allá de toda Latinoamérica? Su calidad como jugador sobresale en sus victorias contra M. Euwe en París 1924, R. Reti en Buenos Aires 1924, E. Colle en San Remo 1930 y contra R. Fine en Varsovia 1935. (Ver partida al final). En ese mismo torneo, A. Alekhine logró hacerle tablas una posición muy comprometida. En Buenos Aires-1939, dividió el punto con Paul Keres y José R. Capablanca. (Ver esta partida con una interesante anécdota al final del artículo). Es de destacar que Grau sirvió de analista de Alekhine en el match con Capablanca en Buenos Aires 1927. Años después y producto de su estrecha relación de amistad con el Campeón ruso-francés, logró que éste entrenara al equipo argentino participante en la Olimpíada Mundial de Estocolmo - 1937. De hecho, Grau fue un precursor imprescindible para la aparición de la Época de Oro del Ajedrez argentino que comienza a mediados de los años 40 y perdura por alrededor 20 años, etapa en la que Argentina llegó a ser una de las principales potencias mundiales del Juego Ciencia. Según cuenta Paulino A. Monasterio, periodista y Arbitro Internacional –fallecido en 1987-, Grau era una persona de extrema generosidad que daba simultáneas gratis en los clubes pobres y como escritor notable, escribía artículos muy leídos sobre Automovilismo a pesar de que no sabía manejar. De la lectura de la obra de Grau, se aprecia su excelente sentido de solidaridad y comunicación, que de forma muy natural, lo transmite al lector en cada capítulo, en cada ejemplo, en cada consejo. Sin embargo, como una estrella fugaz que ilumina con excelsa brillantez el firmamento, Roberto Grau se fue a destiempo con sólo 44 años de edad. Esa ironía del destino, nos privó de un sinnúmero de aportes que de seguro el Maestro hubiera brindado al mundo del Ajedrez. Entre sus planes inmediatos al terminar el Tratado, estaba elaborar dos libros: uno sobre ideas medulares de las Aperturas, con una nueva y racional clasificación por ¡temas estratégicos! y otro sobre nuevas formas de razonar y estudiar los Finales. A 60 años de su desaparición física ocurrida el 12 de abril de 1944, la obra de Roberto Grau perdura en cada ajedrecista estudioso que alguna vez aprendió de su pluma fértil. Su Tratado General de Ajedrez existirá mientras haya un ajedrecista agradecido de las enseñanzas que en el nos dejó tan fecundo autor. Una vez más: ¡Gracias Grau!. Dos partidas del Maestro |
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En esta partida Grau
logra contrarrestar la debilidad de sus peones doblados en la columna c,
utilizando eficientemente la pareja de Alfiles y explotando la mayor movilidad
de sus peones centrales; tema abordado ampliamente por él en el Tomo 3 de su
Tratado General de Ajedrez.
1.d4 Cf6 2.c4
e6 3.Cc3 Ab4
4.g3 Axc3+ (Dobla
los peones pero cede la pareja de Alfiles, elemento estrategico dabatido sobre que es preferible) |
La siguiente partida guarda una
anécdota que muestra el carácter amistoso de los dos contrincantes: R. Grau y J.
R. Capablanca. En ella el
cubano, luego de verse en una difícil situación en el medio juego, obtiene un
final netamente ganado, pero ofrece tablas en reciprocidad con el gesto amable
de Grau, que unas jugadas antes insistió en que el cubano hiciera otra movida
en lugar de la que había realizado y que le hubiera costado la derrota.
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1.c4 e5 2.Cc3
Cc6 3.g3 g6
4.d3 Ag7 5.Ag2
Cge7 6.Ad2 d6
7.Tb1 |