VLADIMIR NABOCOV: de ficciones, mariposas y acertijos de ajedrez

   

 

 
 

Javier Vargas Pereira

                 

   Vladimir Nabocov es considerado como uno de los más importantes narradores de este siglo, también destacó como profesor de literatura, futbolista, coleccionador de mariposas y ajedrecista. En su autobiografía, "Habla memoria", reconoce que en el curso de sus veinte años de exilio, además de escribir, dedicó una cantidad prodigiosa de tiempo a la creación de problemas de ajedrez. A estas composiciones las califica como, "acertijos fantásticos, elegantes y altamente especializados", y al proceso de crearlas como, "inspiración, de un tipo musical, casi poético matemático".

   Entre sus obras de ficción destacan, "Lolita", llevada primero al cine por Stanley Kubrik, "Ada o el ardor", "Mashenka", "Rey, Dama Valet", "Desesperación", "Invitación a una decapitación", "La verdadera vida de Sebastián Knight", "La defensa", publicada en español por Editorial Diana, en 1965, y otras.

   Nabocov nació en San Petersburgo, Rusia, el 23 de abril de 1899 y falleció en Montreaux, Suiza, en 1977. Descendiente de aristócratas, realizó los primeros estudios en su ciudad natal. Exiliado de la revolución rusa en 1919, viaja a Inglaterra donde estudia lenguas romances y eslavas. En 1922 reside en Alemania, años después en Francia y en 1940 se traslada con su familia a Estados Unidos donde adopta la nacionalidad de este país. Por eso se le reconoce como escritor norteamericano.

   Decía que toda poesía es un intento de expresar la posición de uno mismo con respecto al universo abrazado por la conciencia. Coincidía con la idea de que, mientras el científico ve todo lo que sucede en un punto del espacio, el poeta siente todo lo que sucede en un punto del tiempo. Para él los poemas los eran, "enigmas descifrados por la intuición".

   Como creador de problemas de ajedrez, afirmaba que éstos eran "acertijos fantásticos, elegantes y altamente especializados", porque para su composición, "exigen una especial pureza de formas y elementos de contenido fantástico, hasta el extremo de ser capaces de henchir y reventar como una bolsa que contuviera un diablito furioso... El tablero de ajedrez que se tiene delante es un campo magnético, un sistema de esfuerzos y simas, un firmamento estrellado... Sin embargo, por mucho que se diga sobre este asunto de la composición de los problemas de ajedrez, no parezco ser capaz de dar a entender la extática esencia del proceso y sus puntos de conexión con otras varias operaciones, más abiertas y fructíferas, de la mente creativa, desde trazar el mapa de peligrosos mares hasta escribir una de esas increíbles novelas en las cuales el autor, preso de un ataque de locura lúcida, se fija ciertas reglas únicas a observar, ciertos obstáculos de pesadilla a vencer, con el celo de la deidad que construye un mundo vivo con los ingredientes más improbables: piedras, carbón y palpitaciones ciegas".

 

    

    Una de sus obras de ficción, "La defensa", fue estructurada de principio a fin, como los movimientos de una partida de ajedrez. Al releerla, Nabocov confesaba sentirse como Adolf Anderssen, protagonista de, "La partida inmortal", jugada en 1851, al recordar con regocijo el sacrificio de ambas torres ante Lionel Kieseritsky, "predestinado a aceptar una y otra vez, en infinidad de libros de texto, un signo de interrogación como monumento". El personaje principal, Luzhin, con obsesiones y rasgos de comportamiento que recuerdan al ex campeón mundial de ajedrez Alexander Alekinne, vive una secuencia de incidentes similares a un juego de inteligencia, sobre todo en los capítulos finales, idénticos a un ataque de ajedrez regular que demuele los elementos más profundos de la razón del protagonista.

   Los académicos dicen que Vladimir Nabocov escribía para los sentidos y las emociones. La exuberancia de imágenes, colores, melodías y contrastes le servía para encantar, estremecer y seducir al lector. En uno de los capítulos de, "La defensa", por ejemplo, describe así el momento crítico de una partida: "Turati relampagueó los dedos en el aire, y un peón negro, inerte, con un rayo de luz sobre la cabecita, descendió sobre la mesa... Y entonces sus dedos tantalearon y hallaron una combinación encantadora, quebradiza, cristalina que, con un leve retintín se desintegró... e inmediatamente una especie de tempestad musical sobrecogió el tablero... El pensamiento de Luzhin vagaba al través de laberintos arrobadores y terribles... pero en aquella obra espantosa veía algo sorprendentemente insoportable, el horror pleno de las profundidades abismales del ajedrez".

             

Javier Vargas Pereira es columnista de ajedrez y temas culturales en el periódico Reforma, de México. En Chile, su país natal, fue dirigente estudiantil universitario en la década de los 60, profesor de Filosofía en el Liceo Coeducacional de Parral y Consejero de Asuntos Juveniles del presidente Salvador Allende Gossens (1970 1973). En México, donde reside desde 1975, ha sido vendedor de libros, editor y ajedrecista por afición.

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