UN PROBLEMA QUE SIGUE SIN RESPUESTA

(Consideraciones sobre el film "La defensa Luzhin")

 
 

   

por el M.I. Leonardo Valdés

 
        
     
       
 

   El ajedrez es un juego de tensión máxima, en especial, si se le toma en serio. Muchas anécdotas e historias se han tejido alrededor de este hecho; especulaciones van y vienen sobre si esta tensión podría generar efectos adversos en la mente o si podría conducir a un cierto sentido de irrealidad. Se ha considerado, incidentalmente, que todo el problema radica en eso mismo: en tomárselo en serio. En general abunda la pregunta de por qué y en qué condiciones cabría tomarse en serio algo que no es más que un juego, tan lúdico como podría serlo cualquier otro, incluídas las cartas, el backgammon o hasta juegos de menor calibre como el dominó. Y si bien es el “rey de los juegos” parece ser que el público en general, la gente “de la calle”, sigue sin entender por qué debe ser tan apasionante o por qué debería alguien absorberse en semejante actividad. Sigue siendo interesante observar este hecho, el cual llamaré, “la general indiferencia de la gente común” ante el ajedrez; y que en realidad es un fenómeno bastante extendido, sea en San José, Budapest o Moscú, ciudad esta última de la cual decía Fischer que “el hombre común y corriente no parece tener más interés en el ajedrez que en cualquier calle de Nueva York”. Cosa que es además cierta, puede ser que exista mayor nivel de conciencia ajedrecística en Moscú, puede ser –incluso- que supere a Nueva York y, definitivamente, a San José- pero en términos generales el público más amplio parece ser inmune a los encantos del tablero y sus piezas.

  Hay que conceder, por otro lado, que existen preocupaciones más inmensas que las últimas novedades de la defensa Sveshnikov, o incluso, que el análisis de las partidas perdidas por Akiba Rubinstein. Para las personas “comunes y corrientes” (por otro lado, ¿quién no es común y corriente?) existen problemas más serios y de más urgente resolución que los ya mencionados, hay cosas de la vida diaria, cotidiana, que requieren consideración más profunda y a ellos se atienen. Quien así no lo hace podría perecer fácilmente, víctima de la negligencia o de la propia submersión de su alma en un mundo ficticio, alejado de las cosas reales y de las personas reales. La realidad impone una visión del mundo que, una vez perdida, queda sujeta a las malformaciones de la fantasía, de la locura, o de la simple y llana idiotez.

  Si observamos la película “La defensa Luzhin” podremos detectar en su directora, y en algunos personajes incluso, que esta sensación permea su visión del ajedrez y que llega incluso a ser la visión dominante, a pesar de que el mismo autor de la novela original –Vladimir Nabokov- fuera en el fondo un aficionado oscuro del ajedrez y un compositor ocasional. Pero era claro para Nabokov mismo, como para cualquier otro artista, que el mundo del ajedrez proveía de caracteres inmensos, de personalidades disímiles y profundas, llenas de problemáticas confusas y vidas acaloradas –incluso los maestros más sublimes parecían a veces bajados de otro mundo- envueltos en polémicas agrias, téoricas, a veces hasta filosóficas, sobre algo que no era más que eso: un juego, un inveterado y antiguo juego; y cuyas vidas privadas, en ocasiones, podrían ser patéticas, u obsesivas, o maníacas, o depresivas, y en general, llenas de emoción, aunque se tratase de una emoción convulsa, mal dirigida, y a veces letal. Desde luego, visto de este modo, y parcializado así, cabría preguntarse si alguna vez alguien “normal” ha jugado alguna vez este juego, y en definitiva, esta es la visión del hombre “común y corriente”, y las preguntas que llega a hacerse este hombre.

  La directora de la película es proclive a plantear el tema de la feminidad y del rol de la mujer en la sociedad occidental. Para ella, una película de ajedrez era bastante sosa, por no decir, imposible. Encuentra por ello material fértil para su imaginación el hecho de que Luzhin sea un personaje difícil y problemático, para atribuirle entonces a su prometida la obligación de salvarlo de eso mismo en lo que se hunde y que es su mente misma. Y cuando Luzhin muere, ella se encarga de portar su saber ajedrecístico y de terminar la partida que él no podía terminar, de hacer las jugadas que él encontraba irrealizables, pero sin traicionar su pensamiento original. Nada de esto se puede encontrar en la novela original de Nabokov, todo esto es invención de los realizadores de la película, el guionista y la directora, que encontraron así algo más “fílmico” y más “atractivo” para la gente común, es decir, la audiencia. Y ella llora amargamente a su hombre perdido por un juego fantasioso, pero claro, no era esta la idea de Nabokov y desde luego, no podría ser la idea de nadie que guste aunque sea un poco del juego mismo. Para Nabokov la causa de la perdición de Luzhin radica en una imposibilidad lógica, incluso formal, pero no desde luego en una imposibilidad práctica o cotidiana.

  Para Luzhin los problemas eran producto de una vida llena de recuerdos, de consistencias y de patrones lógicos de carácter altamente ansiógeno, en los cuales el ajedrez era parte y portador de emociones imposibles de interpretar. El hecho mismo, el ajedrez en sí, no era la causa de sus males, sino un elemento copresente, un portador de mensajes aún más profundos de su infancia y la salida intelectual a un problema antiguo. Es sólo en este contexto que el triángulo amoroso que enmarcó su infancia y que se tejía alrededor de verdades a medias y de deseos perdidos podría tener algún sentido, aunque fuera literario. En suma, caben interpretaciones distintas en todo caso, pero difícilmente se pueda decir que el ajedrez era realmente malo, y que el amor de esa mujer lo liberaría finalmente de su encantamiento. Aunque hay que decir que, de acuerdo con la película, era claro que la influencia de su amada permitía a Luzhin jugar mejor, mucho mejor. No hay nada de malo en ello, ni tampoco de ilógico, es incluso pensable fuera de la ficción de las novelas. Hay casos de jugadores cuyas mujeres han sido una fuente de inspiración tal que su juego adquirió consistencia y sus resultados adquirieron mejorías notables; hay casos contrarios donde la mujer ha jugado un rol negativo y ha provocado colapsos deportivos. Es entonces humano y psicológicamente válido suponer que la compañera sentimental juega un papel importante. Pero llegar al término de decir que juega un papel salvador es otra idea, más ajena a la realidad, y más próxima al mito.

  Desde el punto de vista ajedrecístico la película recrea realidades muy hermosas, típicas de los torneos de alta calidad que se dieron y de vez en cuando se dan en Europa. Piezas cuidadosamente talladas, escenarios donde el público responde con inusual devoción, jugadores llenos de historias encantadoras. Todo esto ha sucedido y sigue sucediendo, aunque en menor medida, pues en la actualidad las cosas son mucho menos mitológicas que antes y no existen tantos héroes como solía haberlos. En parte porque la información es ahora más volátil, más voluble, y por tanto, menos idealizada; en parte también porque las ideas antiguas basadas en ensoñaciones filosóficas han caído en desuso, en un mundo cada vez más pragmático. Las grandes filosofías ya no existen, no existen tampoco los grandes filósofos y –paralelamente- no existen tampoco las grandes teorías. El juego actual del ajedrez recuerda más a una competencia entre computadoras sin prejuicios que a una lucha entre dos concepciones de mundo distintas. Pero, una vez más, sólo en ocasiones, porque en otras ocasiones el juego se convierte en el campo de mitologías profundas, se vuelve en sí mismo retrógrado, y las polémicas y las disputas recrean el ambiente de los inicios del siglo, cuando nada estaba escrito y todo por leerse. Y eso genera melancolía y hace surgir un poco de belleza olvidada.

  El problema esencial de Luzhin, el encontrar una defensa adecuada, sigue en mi opinión sin resolverse, dándole al menos al tema ajedrecístico de la novela una vigencia inusual. Los mejores del mundo no logran ponerse de acuerdo en este difícil aspecto y es predecible que no lo hagan en un tiempo cercano tampoco. El otro problema esencial, el de lograr una adaptación al cine de una novela de Nabokov tampoco ha logrado resolverse satisfactoriamente. Incluso Stanley Kubrick lo ha intentado, pero dista de haber tenido éxito rotundo. Es desde luego claro que la directora de este filme no tuvo éxito alguno y podría decirse que ni siquiera intentó adaptarse al libro realmente. Es también claro que los problemas lógicos, metafísicos y ajedrecísticos son poco susceptibles de plasmarse meramente en imágenes, y requieren de mayores elementos para encontrar adecuada expresión. Pero también es claro que no es una tarea cuya dificultad la haga imposible. Creo que es posible y en algunos casos pudo encontrarse una salida interesante, pictórica y lógicamente atractiva. Y finalmente es claro que para el hombre “de la calle” el encontrar tanta emoción y vida en un juego ajeno a sus preocupaciones causa asombro, no deja de causar cierta consternación y duda, al menos al ver la película se cuestionará si realmente es el ajedrez tan loco, o no es más loco en realidad todo lo demás, y el ajedrez, como parte del todo, tal vez también lo sea.

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Para más imágenes sobre esta película y la ficha técnica e imágenes de la misma, ver la nota del M.I. Guillermo Soppe en esta misma página

Agradecemos a Diego Redondo la autorización para publicar esta nota, y los invitamos a visitar su sitio www.tablerotico.com