Ajedrez, más que un juego |
Fotogalería de Stella Maris Roh |
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Todos aquellos que alguna vez jugaron una partida sabrán que es un juego apasionante con reglas, desafíos, valores y actitudes que definen el carácter del grupo o de los individuos que lo practican. Asimismo se lo puede considerar un juego popular reconocido mundialmente. Se practica en 150 países tanto de Oriente como de Occidente. Permite la participación e integración de diferentes grupos sociales sin distinción de edad ni sexo, generando en ellos mecanismos de identificación y diferenciación. Es una importante herramienta educativa, ayuda al desarrollo del pensamiento, a proyectar, a ver más allá, a evaluar y autoevaluarse. Estas habilidades son necesarias para poder desenvolverse en la sociedad vertiginosa en que vivimos. Existen en la Ciudad de Buenos Aires entidades sociales tanto públicas como privadas donde se puede aprender o practicar ajedrez. El comedor del CTA (Centro de Trabajadores Argentinos) y el polideportivo Don Pepe, donde los chicos alimentan la mente y el cuerpo, son sólo algunos de los numerosos espacios educativo-culturales gratuitos. Estos ámbitos dependen de la Comisión de Asociación Banco Credicoop, filial Barracas y cuentan con la Maestra Internacional y Campeona Argentina Elisa Maggiolo como docente. La Federación Argentina de Deportes para Ciegos (FADEC), organiza torneos en los que tiene un reglamento específico que debe aplicarse como suplemento a las reglas de la Fédération Internationale del Échecs (FIDE). Estas normas fueron creadas teniendo en cuenta las necesidades de las personas con deficiencias visuales que juegan entre sí y que también se integran con personas videntes. El 2 de febrero de 1924 se fundó en Alemania el primer Club de Ajedrez de Braille y en 1958 se fundó la primera Asociación de Ajedrecistas ciegos y deficientes visuales, después de un encuentro entre los representantes de Gran Bretaña, Suecia, Dinamarca, Francia, Alemania del Este y Austria. A veces nos preguntamos ¿a qué edad podemos comenzar? No hay límite, desde temprana edad nos podemos introducir en este juego que conlleva la formación de valores como la amistad, el compromiso, el respeto al otro, la justicia, la confianza. Se transmite de padres a hijos y de maestros a aprendices; estimulando la creatividad, la concentración, la iniciativa y la vinculación intergeneracional. La pasión por este juego llegó al teatro, la música, el cine y la publicidad. María Elena Walsh en su tema “El reino del revés” nos habla del caballo de ajedrez. La pantalla grande ha desplegado películas de variado género como Harry Potter I, El Juego de Arcibel, Enigma Mortal, La Dama de las Once, Jaque al Asesino, entre otras.
Asimismo el ajedrez ha sido el
protagonista de obras literarias de grandes autores como Edgar Allan Poe
en Historias Extraordinarias, Lewis Carrol en A través del espejo, 1872,
la segunda parte de Alicia en el País de las Maravillas. Hasta Jorge Luis
Borges se dejó seducir escribiendo “Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada… Dios mueve al jugador, y éste la
pieza.”
Como puntualiza el historiador de ajedrez Isaac Linder, el ajedrez, que reúne orgánicamente elementos del arte, la ciencia y el deporte, a lo largo de los siglos ha constituido parte inalienable de la cultura y la civilización mundial. Varias leyendas rodean este juego, simbolizan la historia y la lucha del hombre. Una de ellas dice que el ajedrez surgió en la India en el siglo VI d.C., con el fin de demostrar a un monarca poderoso y aburrido que un rey sin sus súbditos, sin el amor y el respeto de ellos no es nada. Los persas, hindúes y árabes expandieron el ajedrez en sus combates y conquistas. Desde sus inicios constituía un juego de reto para la inteligencia y el honor, sólo pocos entendidos podían jugarlo. Representa dos ejércitos de soldados que responden a jerarquías reales, es un juego de guerra. El sistema de juego diseñado por el hombre en tanto tiene datos registrados, estrategias, hipótesis, técnicas de juego, fue considerado por algunos Ciencia. Aplicando bien la técnica se percibe la belleza de una jugada, razón por la cual lo califican de Arte. Estas denominaciones de Ciencia o Arte siguen en discusión y tienen que ver con las distintas eras o etapas por las que pasó el juego. La era romántica motivó a los viejos maestros a descubrir las posibilidades combinatorias del tablero, brillantes sacrificios y sorprendentes ataques. No buscaban las reglas, los ataques eran fuertes, pero las defensas poco desarrolladas, no había una sistematización del juego. Los jugadores románticos en sus movimientos dejaban cosas a la suerte con finales inesperados. Posteriormente, con el surgimiento de uno de los principales pensadores del ajedrez moderno, el Campeón Mundial Wilhelm Steinitz, que mantuvo este título entre1866 a 1894, se inició la era sistemática donde el análisis de la posición y la estructura son los objetivos fundamentales para una defensa sólida que basa sus principios en un centro fuerte y casillas débiles. Luego apareció la revolución hipermoderna que afirmaba la individualidad de cada posición, rechazando la escuela científica. Consideraban que una masa central de peones no era necesariamente fuerte, de cierta manera los hipermodernos eran neorrománticos. En esta era la figura dinámica del Gran Maestro Internacional Alexander Alekhine, Campeón mundial de 1927 a 1935 y de 1937 a 1946, volvió a llevar al juego a la categoría de arte, concediendo esencial atención a la belleza del desarrollo en contra del resultado de la partida. Consideraba al ajedrez como un arte creador, dominaba las ideas tradicionales y modernas, algunos lo consideran “el más completo artista del ajedrez de la historia”. El ajedrecista Oscar Panno explica que hay una enorme complejidad combinatoria de circunstancias, el conocimiento de los mismos y la indispensable cuota de imaginación, brindan las condiciones para producir resultados inesperados, muchas veces con las características de una auténtica obra de arte. Razón por la cual las posiciones con Solución Extraordinaria merecen el título de Finales Artísticos.
Como objeto material, el ajedrez, fue y es un espacio en el que los artesanos pueden poner en juego su imaginación y creatividad. Los tableros y piezas artesanales tienen una identidad funcional y una ornamental cargadas de simbología. A lo largo de la historia del juego se han creado tableros artesanales tallados artísticamente como el de marfil y ébano del siglo VI d.C. que le fuera obsequiado al emperador persa Cosroes. O las piezas encontradas de diente de foca o de cristal de roca montadas en plata dorada. Estas piezas, pertenecientes a San Luis, rey de Francia en el siglo XIII se conservan en el Museo de Cluny en París. El Conde de Ampurias Pons Hunch poseía un tablero de plata con cuadrados realizados en jaspe y cristal adornado con perlas. En cierta ocasión Ben-Amar, primer ministro árabe, mandó a confeccionar un juego con piezas de ébano y sándalo con el propósito de realizar una partida con el rey Alfonso VI de Castilla y así evitar que éste invadiera su territorio. Actualmente, los artesanos siguen creando los más diversos modelos de tableros y piezas. Cada uno trabaja el material que conoce o le resulta más interesante para desplegar su creatividad, en este proceso de transformación todo vale, el ingenio y la habilidad van de la mano para todos aquellos que quieran disfrutar de una partida desde el tablero mismo. A los apasionados del juego y los creativos del arte los invito a leer y pensar en pintar o, porqué no filetear los siguientes refranes y frases ajedrecísticas populares. -“La diferencia entre el ajedrez y el amor es considerable. En amor el que no vence pierde. En ajedrez por suerte hay tablas” -“Los caballos de carreras viven en cuadra. Los del ajedrez en cuadros”. -“Había una vez un republicano fanático que no jugaba nunca al ajedrez para no tener que defender al Rey”. -“Los peones deben tener la boca torcida porque siempre comen de lado”. -“Los peones que avanzan doblados, deben tener reuma”. -“¿Cómo perdió esta partida? ¿Táctica equivocada? No, ¡estrategia profunda! Es mi futuro suegro”.
...de mi hermano, es un juego divertido, apasionante, entretenido. En nuestra infancia ha sido el causal de más de una pelea, ya que yo no sabía jugar como las hermanas de sus amigos. Según la mía, era algo aburrido, sin sentido, no entendía cómo podían pasar tanto tiempo delante un tablero pensando qué pieza mover. El ajedrez siempre fue un juego de guerra entre hermanos. Pero hoy coincidimos, cada uno con su mirada, aprendimos a observar y disfrutar de lo mismo. Él desde sus clases como maestro y yo desde mi cámara cómo fotógrafa. Todavía no sé jugar, aunque ahora puedo comprender, a través de las sonrisas y las miradas soñadoras de los chicos, que para muchos, es más que un juego.
Estas imágenes dan testimonio del ajedrez como un juego popular, integrador, que se puede practicar en cualquier ámbito, desarrollando encuentros entre diferentes actores sociales. Al realizar este registro fotográfico tuve, como fotógrafa, que tomar decisiones que condicionaron de cierta manera la realidad iconográfica del trabajo; ya que en todo documento fotográfico se ejerce una mirada subjetiva sobre el hecho, evento o circunstancia que estamos presenciando y vamos a capturar o documentar. Después de observar un largo rato a los chicos, de ver sus caritas soñadoras, las sonrisas, los gestos y de intentar comprender qué los atrapaba tanto, decidí sacarles fotos con un objetivo de 50 mm., de visión normal, como se lo considera en fotografía, y aprovechando la luz ambiente o natural, fui creando un efecto de desenfoque o enfoque selectivo en algunas imágenes destacando el punto de interés sobre piezas o jugadores. El “instante decisivo” como denomina el fotógrafo Henri Cartier – Bresson, o momento del disparo, como le dice la mayoría, a partir del cual queda la imagen latente en el negativo a la espera de ser revelada, es el último paso de nuestra decisión de qué y a quién mostrar.
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